sábado, abril 23, 2016
En una frase…
En una frase…
Lila Calderón
Poeta, comunicadora audiovisual, artista visual, Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile, docente universitaria.
Autora de más de cinco libros de poesía y tres en narrativa, presenta su última publicación “Lo que ocultan los vestidos”, poesía y prosa poética “mortal y metafísica” (tal y como ella lo titula en el primer poema de esa edición), en donde navegan las interrogantes de una existencia que muchos de sus contemporáneos miran desde la orilla.
¿Qué ocultan tus vestidos?
-Algo tan grande como el corazón y la flor de la vida. La mente ya no me preocupa mucho.
¿Vestidos?
-Pétalos, piel, sueños y antiguos sudarios.
¿Con qué hilos los tejiste?
-Con los hilos de la araña y el gusano de seda.
¿Cómo describirías el urdido? (proceso creativo)
-Mezclando palillos, crochet y naveta de frivolité. Pienso en el destino del tejido, tomo medidas, cuento puntos, abro la puerta a la intuición creadora. Nace un gobelino, un telar, un vestido de encaje que a veces no responde a lo que yo buscaba. Pero me alegra la sorpresa.
Tu momento previo a la creación…
-Alegría incontenible y la emoción de un enamoramiento sorpresivo.
¿Qué son y dónde habitan las musas?
-Las musas son esencias personales, habitan libremente en cualquier lugar del universo. Ellas no temen al principio de la no contradicción. Se ocultan por razones de seguridad. No están para guerras, invasiones, o discusiones bizantinas.
¿Cuál es el sentido y el aporte del arte hoy?
-Dar cuenta de una sociedad ruin que agoniza con todo su séquito, bajo máscaras y armaduras, y mostrar que hay nobleza y belleza en el Ser.
El valor de la poesía filosófica en el mundo actual.
-Permitir un matrimonio de coexistencia pacífica entre ambos hemisferios del cerebro.
El verso más noble escrito
-“Todo mortal está condenado a retornar un día”, del poeta chileno Hernán Miranda.
La deuda de la sociedad con el artista
-Homenajearlo en vida; no usarlo para atraer público, votos o aplausos y pagarle el dinero que su obra vale.
El peor libro de la historia
-El libro escrito con falsas plumas, y que no canta ni vuela.
¿Qué rincón de las faldas curiosean los pantalones de la narrativa chilena?
-Aparentemente curiosean más en sus propias mentes. Creo que nos ven desnudas.
¿Cuál es el vestido de la diosa?
-El de alas de mariposa escapada del insectario.
Y su ropaje interior…
La luz.
Al centro de las húmedas amapolas, ¿qué podría germinar el cazador y encontrar el jardinero?
-Cazadores, exploradores y jardineros siempre han tenido que aventurarse para saberlo. A veces florece un retrato, descubren una isla o forjan una jaula para dos. Otras no.
¿Cómo se integra el caminar de los pantalones y la danza de las faldas en la poesía chilena hoy?
-Que las musas iluminen al cansado vate en estas noches finales, para que pueda llegar a la fiesta.
El papel de la diosa en la nueva literatura
-Reinar con sus poderes naturales, hacer el mundo y el amor con su lenguaje sin temer al fuego de las piras medievales. No decir, ni cantar ni escribir si no es por la libertad de Ser.
¿Dónde mueren los dioses?
-En algún lugar de la tierra, clamando al poderoso Fénix que aliente sus cenizas.
Revista Occidente número 444, octubre, 2014, Santiago de Chile
http://letras.s5.com/lcal040416.html
martes, marzo 29, 2016
Entrevista
Lila Calderón: “El acercamiento al mundo desde La Serena fue poderoso y confiable”
Escritora, artista visual, guionista y profesora universitaria, Lila Calderón tiene el grado de magíster en Estudios latinoamericanos de la Universidad de Chile. Ha publicado diversas obras en prosa y poesía, incluyendo libros para público infanto-juvenil. Fuimos hasta su casa en Santiago para conversar con ella.
ARTÍCULO | | POR GABRIEL CANIHUANTE
-¿Haber nacido en La Serena no fue un accidente. ¿Qué tan significativo ha sido para ti esta identidad serenense?
“Para mí es crucial haber nacido en La Serena porque me dio una atmósfera de infancia con una naturaleza muy poderosa, con amplios espacios y la sensación de un hogar poético. Siento que hay una identidad especial, La Serena da la sensación de que hay raíces fuertes y estos espacios naturales permiten transitar en una doble dimensión entre lo urbano y lo rural. Siento que eso se mantiene, ahora no tanto, pero en mi recuerdo la infancia tiene ese tono de hogar de la tierra con la magia y la poesía”.
-¿Qué recuerdos tienes de tu vida familiar en La Serena hace medio siglo?
“Me crié en un hogar donde llegaba mucha gente a conversar de literatura y películas y se producían interesantes relaciones, con gente que se ponía a cantar. Los libros eran un tesoro y recibíamos muchos de regalo y los juegos tenían que ver con creación. Mi papá nos hacía a veces un tremendo regalo: 10 palabras y con ellas teníamos que construir una historia y había un premio para la mejor. Ganábamos las dos con mi hermana (Teresa), siempre empatábamos, y los premios eran ir al cine o libros. Éramos felices con eso. Me crié amando el cine, los libros y las revistas, y nos enseñó a coleccionarlos. Uno preguntaba las cosas de la calle, iba aprendiendo la ciudad y uno confiaba mucho en las respuestas que nos daban. El acercamiento al mundo desde La Serena fue poderoso y confiable, uno le decía tío a todos los amigos de los papás, era como una zona de resguardo. Pero también yo tenía la imperiosa necesidad de arrancarme del colegio, de la casa e irme a los cines para ver las fotos y afiches. Con facilidad me perdía y provocaba problemas. Me recogía gente que me dejaba con carabineros, esta tendencia de explorar más allá de las rejas del jardín era algo que no podía evitar. No controlaba los riesgos”.
-¿Hasta qué edad viviste en La Serena?
“Como hasta los 7 años, pero éramos muy adelantadas, eran como los 10 años normales. Tengo la sensación de que viví mucho más y que eso está vivo ahora. Sigo siendo de La Serena, mi mentalidad es de La Serena. Cuando voy a otros lugares (me dicen) tú no tienes nada de la insoportable arrogancia de los santiaguinos, tú eres provinciana. Y bueno, mi papá también era provinciano, mantuvimos algo que no tiene que ver con la pedantería que se arma acá”.
-Tu padre – el ensayista, crítico y poeta Alfonso Calderón Squadritto- obtuvo el Premio Nacional de Literatura (1988). ¿Qué recuerdos tienes de él como escritor?
“Lo consideré siempre un gran poeta y un gran contador de historias y de crónicas. Lo encontraba emocionante y generoso en la proyección y la importancia que le daba a otros escritores. Era humilde y de tanta sabiduría, siempre tenía consejos hermosos. Y como escritor sus diarios me empezaron a sorprender tremendamente, pero al principio me complicaba la cantidad de citas porque cuando era joven me faltaban las referencias y cuando leí más empecé a comprender en profundidad lo que opinaba y sentía. Me quedo con sus diarios y sus memorias, sus relatos de viajes, de sus experiencias humanas. Hay algo que queda a la revisión de expertos en el futuro porque él se adelantó a varias cosas, por ejemplo un trabajo poderosísimo con la intertextualidad. Lo que él llamaba las citas, con referencias cruzadas y un diálogo que mantenía con vida a autores de todas las épocas. Siento que de alguna manera eso es la eternidad, para mí lo trascendente es lo que queda en las obras y de esa manera la gente se mantiene viva. Para la construcción de mi propio mundo me sirvieron las huellas que mi papá dejaba”.
-Has ido muchas veces a La Serena ya como persona adulta. ¿Qué sensación te deja la ciudad hoy?
“Sigo sintiendo un fuerte apego con las raíces y ahora me motiva aún más, por ejemplo, ir a recorrer esos asientos de cerámica de Valencia, por ejemplo, o los mosaicos en algunos edificios, esos espacios que me marcaron tanto cuando niña. Y con Lisboa–que visité en el verano- y con Sevilla que quiero ir a ver… me sigue impactando mi relación con el mar, el cielo, los espacios, pero me duele ver que ya no existe la estación de trenes y ver esos centros comerciales gigantes, pero es inevitable esa destrucción de la belleza. Siento que se instala lo feo, se generaliza y también (me duele) la indiscriminada construcción cercana a la playa. Me preocupa tanta construcción, está tan grande la ciudad, pero creo que se mantiene esa cosa amistosa, hogareña. Mi relación sigue siendo buena, me dedico a buscar -cada vez que voy- lo que se está haciendo y escribiendo allá y busco en revistas, diarios y volantes y descubro cosas muy buenas. Duele que no se difunda más. Me duele el centralismo de Santiago, encuentro muy buenos autores que no tienen las posibilidades de acá”.
Tienes seis publicaciones en poesía: desde “Balance de blanco en el ángel del triste Durero” (1993) hasta “Lo que ocultan los vestidos” (2014). -¿Con qué libro te sientes más realizada y por qué?
“Con el primero y el último. El primero fue un estallido para recuperar 15 años de escritura que yo no iba a publicar. Había un mundo secreto, misterioso, mágico pero con mucho dolor, mucha observación de la realidad, con el dolor de lo que el ser humano era capaz de hacer. En el fondo es testimonial pero de mi mundo interior, del mundo poético, con una construcción llena de señales, como una caja china que yo tenía conciencia de que yo estaba empezando algo. Seleccioné, no publiqué todo lo que había escrito. Es oscuro, doloroso, pero con humor negro y tiene una parte de mí, muy importante, coherente con lo que se vivía en esos tiempos. Ese era el punto de partida para mí y yo lo sabía.
In memoriam (1995) fue jugar con el libro de Elegías (de Teognis) tomando el modelo de J. B. Bossuet de las oraciones fúnebres. Tomé ese trabajo para construir una despedida, pero con la visión que yo tenía de la realidad, los cuentos, las miradas más oficiales del mundo de la mujer, del amor, de la muerte, etc. Por suerte había otra vida y piel de maniquí (ambos de 1999) también puse señales que tienen que ver con el tema de la identidad y mi burla acerca de la mirada seria que se tenía sobre las relaciones humanas. Quería dejar en evidencia que para mí era muy natural contrastar lo que se está construyendo con las ruinas permanentes, la gente solo ve lo que está encima. Estos dos libros revisan la identidad con bastante humor negro y con mi derecho a rebelarme contra lo que siento como algo operático, muy de maniquí, de zombi, me di cuenta de repente que estábamos viviendo entre zombis y que estos son reales y muy peligrosos.
En Animal cautivo el tema es el lenguaje y la creación y uno como instrumento de las palabras, y como uno presta su mente, su corazón y sensibilidad para explorar eso a costa de ciertas angustias y de la incertidumbre. Para mí en la literatura esto es crucial, lo disfruto y llego a espacios que considero profundos, me maravillan y asombran y quiero volver. Escribo porque llega esa necesidad de encerrarme en mi taller escritorio, con música, y aparecen cosas muy reveladoras que me hacen pensar que soy un instrumento de algo más. El positivismo perjudicó durante tantos años la posibilidad de usar los canales de la magia y del conocimiento femenino, y todos pasamos por la necesidad de ser muy racionales, pero de repente me di cuenta que había algo mucho más fuerte y amplio. Renuncié a ese camino y abrí y despejé el otro, me conecté a lo atávico, a la memoria colectiva y llevo muchos años sintiendo que se me abrió el espectro. Siento que está todo vivo y no hay tiempo, me da una tranquilidad tremenda, esto es una circunstancia como el vestido. Así se da el paso a Lo que ocultan los vestidos, que es otra caja china que me permitió meter todo lo anterior acá, jugar con la prosa y con la poesía, tomar notas rápidas como cuando pienso en un video o le doy importancia un sueño y siento que me está diciendo algo, pero a la vez conectando con diversas amistades importantes para mí. Este libro es fragmentario y da lo mismo si no se lee completo. Está completo en sí mismo y en cuanto a que reúne las ideas y temas de mis libros anteriores y también lo que está en la pintura y en lo que yo haga. Pero le voy agregando más sabiduría y más conocimiento porque he pasado más años en la Tierra y he visto más cosas y en la medida en que he entendido las cosas uno se va poniendo más humilde”.
In memoriam (1995) fue jugar con el libro de Elegías (de Teognis) tomando el modelo de J. B. Bossuet de las oraciones fúnebres. Tomé ese trabajo para construir una despedida, pero con la visión que yo tenía de la realidad, los cuentos, las miradas más oficiales del mundo de la mujer, del amor, de la muerte, etc. Por suerte había otra vida y piel de maniquí (ambos de 1999) también puse señales que tienen que ver con el tema de la identidad y mi burla acerca de la mirada seria que se tenía sobre las relaciones humanas. Quería dejar en evidencia que para mí era muy natural contrastar lo que se está construyendo con las ruinas permanentes, la gente solo ve lo que está encima. Estos dos libros revisan la identidad con bastante humor negro y con mi derecho a rebelarme contra lo que siento como algo operático, muy de maniquí, de zombi, me di cuenta de repente que estábamos viviendo entre zombis y que estos son reales y muy peligrosos.
En Animal cautivo el tema es el lenguaje y la creación y uno como instrumento de las palabras, y como uno presta su mente, su corazón y sensibilidad para explorar eso a costa de ciertas angustias y de la incertidumbre. Para mí en la literatura esto es crucial, lo disfruto y llego a espacios que considero profundos, me maravillan y asombran y quiero volver. Escribo porque llega esa necesidad de encerrarme en mi taller escritorio, con música, y aparecen cosas muy reveladoras que me hacen pensar que soy un instrumento de algo más. El positivismo perjudicó durante tantos años la posibilidad de usar los canales de la magia y del conocimiento femenino, y todos pasamos por la necesidad de ser muy racionales, pero de repente me di cuenta que había algo mucho más fuerte y amplio. Renuncié a ese camino y abrí y despejé el otro, me conecté a lo atávico, a la memoria colectiva y llevo muchos años sintiendo que se me abrió el espectro. Siento que está todo vivo y no hay tiempo, me da una tranquilidad tremenda, esto es una circunstancia como el vestido. Así se da el paso a Lo que ocultan los vestidos, que es otra caja china que me permitió meter todo lo anterior acá, jugar con la prosa y con la poesía, tomar notas rápidas como cuando pienso en un video o le doy importancia un sueño y siento que me está diciendo algo, pero a la vez conectando con diversas amistades importantes para mí. Este libro es fragmentario y da lo mismo si no se lee completo. Está completo en sí mismo y en cuanto a que reúne las ideas y temas de mis libros anteriores y también lo que está en la pintura y en lo que yo haga. Pero le voy agregando más sabiduría y más conocimiento porque he pasado más años en la Tierra y he visto más cosas y en la medida en que he entendido las cosas uno se va poniendo más humilde”.
En narrativa hay tres registros: “Animalia” (2002), “La gran fuga” (2002), “Estrella y el caleidoscopio” (2014). -¿Los tres son para público infanto-juvenil?
“Escribí también La ciudad de los temblores (2004). Es narrativa infantil pero como nosotros somos infantiles y adultos para siempre, esos cuentos pueden ser leídos con los padres porque llevan una doble lectura, son fábulas que quieren enseñar muchas situaciones de la vida hoy y de entender con humor que algunas no son tan definitivas. La fábula va a estar siempre vigente como los errores, la picardía y la corrupción y todos los vicios humanos. Es una manera que sirve para contar algo a un niño y a un adulto”.
-Obtuviste el Primer premio en Video-Poesía de FILSA (1994) y el Primer Premio en Encuentro de Cine y Vídeo del Caribe (Cuba, 1998). ¿Tienen que ver con tu veta de guionista?
“Soy comunicadora audiovisual. Y así llegué a sintetizar la poesía, la escritura de guiones, la música, el cine. No estudié literatura porque quería algo más operático y colectivo, el mundo creativo de la construcción en equipos. Hice video arte, video experimental, video poesía. El de Cuba fue producto de un premio que había ganado (Adaptación de guiones del concurso Luchino Visconti) y que trataba del poeta cubano Ángel Escobar que vivió un tiempo en Chile. Me iba bien con los videos pero me complicó el tremendo gasto energético – traslado de cámaras, riesgos por grabaciones de noche, tanto esfuerzo, etc. – y lo dejé. Lo que sigo haciendo es redactar guiones, y ayudo a colegas con sus guiones”.
-Háblanos de tu trabajo como artista visual. ¿Qué tipo de obra realizas, con qué temáticas, con qué materiales y qué técnicas?
“Partí pintando al óleo y dibujando. Después tomé clases para pasar al acrílico, que me acomodaba más por el secado más rápido. Las primeras pinturas tenían como denominador común que parecían escenarios, pero sin figura humana, construcciones curiosas, mágicas, un mundo bastante poético en la pintura, muy colorido, surrealista o de realismo metafísico. Antes había hecho mucho collage, y después pasé a los ensamblajes, quise trabajar más con cuerpos y empecé a darle vueltas a temas experimentales que se acomodaban al ensamblaje con la mezcla de materiales. Yo siempre encuentro cosas en la calle y junté todo lo que me encontraba y que me daba una señal, un indicio, y empecé a trabajar la idea de la ciudad con el objeto encontrado, pero resignificado, que apareciera en la sociedad de consumo limpio y pulcro como para la venta en la vitrina. Empecé a plantearme, entonces, el paso de cebra y a jugar con la moda, la reglamentación del tránsito y las reglas en general, lo absurdo y le di vuelta a ese tema de las reglas. Y lo de la moda funcionó para el juego de las vitrinas y así surgió la muestra Liquidación por cambio de temporada (2005). Hubo gente que no entendió la exposición -que era de instalación, ensamblaje y performática- en la galería de cristal de la Biblioteca Nacional, pero le fue muy bien. Era parte de una propuesta que plantea una crítica social, no son adornos, no es para decorar una casa, es parte de algo que quiere decir otra cosa, son laberínticas, se puede entrar por distintas partes y no importa que uno no una todo, no hay para qué encontrarle explicación, pero sí que te lleve a pensar o cuestionar algo de la sociedad y sus normas”.
-Cuéntanos de tu trabajo como profesora. ¿En qué carrera(s) y universidad(es) trabajas?
“He trabajado durante muchos años en universidades como Andrés Bello, Diego Portales y ARCIS. Actualmente estoy solo en el Instituto ARCOS. Me gusta mucho y soy feliz haciendo clases, me recargo energéticamente y las preguntas de algunos estudiantes y los encuentros chispeantes que organizo con gente me motivan y despiertan otras cosas que me dejan pensando, nos intercambiamos libros. En cada curso hay algunos estudiantes que son muy importantes, pero ayudo a todo el mundo, me las juego por todos. Y siempre me sorprenden estas personas con sus mundos creativos específicos y sus búsquedas. En clases yo puedo ser, me siento libre y creo que puedo entregar mucho. Las carreras en las que hago clases son de artes (Cine, Composición musical, Fotografía, Diseño, Ilustración), entonces lo paso maravilloso porque es un trabajo creativo donde disfruto los resultados”.
Acerca del Autor
Periodista
Periodista titulado por la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, Brasil. Diplomado en Comunicación y políticas públicas por la Universidad de Chile. Docente en educación superior; es también editor independiente de libros y gestor cultural. Como escritor ha publicado “La súplica del Dr. Solís y otros cuentos (2003); “Turismo en Chile” (Ensayo, 2006 y 2008); “La historia de don Crispín, doña Anita y el guaripola y otros cuentos” (2010) y “Cuentos para Manuel” (2014).
martes, diciembre 29, 2015
Lila Calderón, en nlibros El libro electrónico de autor hispanoamericano

El libro electrónico de autor hispanoamericano
https://www.nlibros.com/libro/lo-que-ocultan-los-vestidos
sábado, mayo 09, 2015
Chillán Poesía
Chillán Poesía 2015
Mil gracias queridos amigos del Grupo Literario Ñuble por este genial "Chillán Poesía 2015". Felicitaciones por construir ese lugar fuera del tiempo donde podemos compartir nuestros sueños, poemas, canciones, latidos libertarios, reflexiones sobre la creación, la alegría y la amistad. Y por el sentido de mantener el rumbo dentro del paisaje cósmico y tender puentes para abrazarnos con la belleza. Pura lucidez, amor y esfuerzo para mantenerse como grupo (cohesionado por más de cincuenta años) y lograr mover a pulso, año a año, la montaña de Chillán Poesía.
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| Parte del Grupo Literario Ñuble e invitados a Chillán Poesía 2015 |
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| Lila Calderón y María Loreto Mora |
| Mario Flores ante los Murales de David Alfaro Siqueiros y Xavier Guerrero en la Escuela México de Chillán |
| Elicura Chihuailaf |
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Ingrid Sepulveda Vera, Lila Calderón, Andrés Rodríguez Aranis, Laureano Huayquilaf, Ursula Villavicencio y Diana De La Fuente. |
Ver más imágenes en:
https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1623087371262054.1073741881.100006824196945&type=1&pnref=story
https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1623150507922407.1073741888.100006824196945&type=3
https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1622249491345842.1073741880.100006824196945&type=
Fotografías de Patricio Contreras.
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https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1623087371262054.1073741881.100006824196945&type=1&pnref=story
https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1623150507922407.1073741888.100006824196945&type=3
https://www.facebook.com/comunicaciones.grupoliterarionuble/media_set?set=a.1622249491345842.1073741880.100006824196945&type=
Fotografías de Patricio Contreras.
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sábado, marzo 14, 2015
"LO QUE OCULTAN LOS VESTIDOS" DE LILA CALDERÓN, UNA CASA, UN CUERPO... Por Leonidas Rubio
Ver en: http://letras.s5.com/lcal180315.html
Lila Calderón
Nació en La Serena en 1956. Es poeta, narradora, audiovisualista y artista plástica. Ha publicado los libros de poemas Balance de blanco en el ángel triste de Durero (1993); In Memoriam (1995); Por suerte había otra vida y Piel de maniquí (1999). Durante el año 2002 publicó los libros: Animalia (cuentos), La gran fuga (cuento) y La ciudad de los temblores (novela infantil), Ediciones Books and Bits, Santiago, Chile. En 1994 obtuvo el Primer Premio de Video-poesía de la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile y el Premio de Adaptación de Guiones de Cortometraje Luchino Visconti del Ministerio de Educación. En 1998, obtuvo el Primer Premio en el Encuentro de Cine y Video del Caribe con La muerte de un poeta, dedicado al poeta cubano Ángel Escobar (Video-experimental). Recientemente (2014) ha publicado Lo que ocultan los vestidos. Ha sido co-autora de influyentes antologías de poesía chilena junto a su hermana Teresa Calderón y al poeta Tomás Harris.
En "Lo que ocultan los vestidos" (Bordes, 2014) la autora se propone un mosaico de texturas expresivas que se nutren de distintos códigos: el relato, la metafísica, la alquimia, el aforismo, lo coloquial, lo visual, la crónica: "mosaico (...) donde podríamos fijar la silueta de aquello que nos interroga y que al intentar definir, o fijar, se nos esfuma". Con este predicamento y este taller de técnicas verbales mixtas, Lila irrumpe poéticamente en la prosa y prosaicamente en la poesía, donde pueda decir y vivir en primera persona, haciendo que "la libertad que puedo ejercer en el mundo que origino la vivo al conectar elementos heterogéneos, al modo de un collage".
"Lo que ocultan los vestidos" tiene 10 secciones, una introducción y un epílogo. 3 secciones tienen epígrafes y la octava de ellas, "Cebras y reglas", incluye 2 imágenes del trabajo visual "Liquidación por fin de temporada" (2005) de la poeta. La introducción busca dar al conjunto un hilo conductor y lo hace siguiendo una estrategia autoreferencial y metapoética: se sitúa frente al lector y frente a su propia texto simultáneamente. De allí algunas filiaciones. No hay automatismo pero sí hay mirada oblicua, cubista, hiperlúcida, refractada: "El azar tiene un sistema, un código que hay que interceptar y trabajar...". Declara su cansancio contra el "lleno total" ortegiano, la cultura de masas alienante. Por esa vía engarza con la poesía metafísica que mantiene su línea continua aunque borrosa desde el post-romanticismo y el primer surrealismo en adelante. Poesía de esencias y trascendencias versus apariencias, que indaga en al acto cotidiano como manifestación de fuerzas otras que condicionan al sujeto en un estado de enmascaramiento o revestimiento. Mi lectura de este libro de Lila Calderón apunta a que es ese el vestido debajo del cual está la materia real. Aquello ocultado no es otra cosa que aquello entendido, intuido, salvado de la disolución. Es el acto de apoderamiento de lo real a partir del lenguaje en el sentido, insisto, de la poesía metafísica chilena, que en Díaz Casanueva y Anguita entronca con la filosofía del ser de Heidegger y su máximo expresivo: la poesía es la casa del lenguaje y el lenguaje es la casa del ser. Entonces "lo que ocultan los vestidos" es un cuerpo-habitación que recupera su visibilidad a la par que busca re-apropiarse sus significancias. Visitado pieza por pieza. órgano por órgano, este cuerpo-mansión se vería así:
1a estancia: "Escrituras mortales y metafísicas".
"Todo lo que he escrito aborda el mismo problema: la existencia". Aquí se guarece el miedo al vacío, la vigilancia de un ojo-eje absorbente, como el maelstrom de Poe; un agujero negro o el ouróboros alquímico mordiéndose la cola y girando eternamente. Pero la respuesta es lúdico-lúcida: "juguemos en el bosque ahora que el lobo no está". El rebote de la infancia trae una curiosidad inocente que puede ser cruel, como en esa otra niña "maldadosa" de nuestra poesía hispanoamericana mayor, Alejandra Pizarnik, para quien las flores tutelares del secreto y el misterio tenían el mismo nombre de nuestra autora: lilas. Su idioma es verso silabeado. El decorado de esta habitación es ligeramente gótico, otoñal, umbrío. El órgano que vibra bajo los vestidos en esta estancia es el estómago, porque allí se continúa la digestión del tiempo que deglute al sujeto desde afuera.
2a estancia: "Desplazamiento".
Lo blinda un epígrafe de Jodorowski, ese viejo brujo-mago-loco escapado de su propio Tarot viviente, donde nuestra autora oscila también entre arcanos: Maga, Sacerdotisa, Emperatriz, Loca. En esta habitación el tiempo y el espacio no son coincidentes. Hay registros gráficos de ese movimiento impreciso. Fotografías, retratos borrosos que "tienen su propia religión y viven en otro templo". Las palabras-moldes hacen un tanteo de siluetas para irse acoplando a sus significados-formas parecido a esos juegos de niños lactantes, aún no del todo hablantes, que brusca pero obsesivamente intentan hacer cuadrar las piezas de sus juegos didácticos. "Otra máscara desvanece su guiño y un montón de ropa nos dibuja en el recuerdo". Su idioma es la prosa. El decorado de esta habitación es sepia, azogue, como el reverso de los espejos y el anverso del mismo está empavonado. El órgano es el oído, motor del equilibrio.
3a estancia: "Absorta ante el paso de la musa".
La habitación más breve. Contiene sólo un enser, el aliento. ¿Por qué está aquí y no dentro de otra como las réplicas interiores más pequeñas en las Matrioskas? Sólo 12 líneas para situarse. Si barajamos en un talego los sustantivos y luego los vaciamos sobre un tapete, quedan en este orden: trino, idioma, flecha, vida, misterio, encanto, gotera, estanque, espejo, lápiz, baile, aliento, musa, nada. Pero el orden también puede ser otro. Se habla un verso casi susurrado. Esta habitación es celeste-agua. Su órgano son los labios, por ellos respira.
4a estancia: "La casa siempre gana".
Esta habitación tiene ventanas hacia el exterior. Su función es instalarse a ver transitar los pobres destinos cotidianos de las vidas programadas, que no se pertenecen a sí mismas. El ángulo da un enfoque urbano amplio. Hay distracción del prójimo y sus nimias aventuras de sobrevivencia. Hay rabia de la cosificación orweliana del sujeto llamado a mejor vida. Pero ¿los sujetos tienen la vida que pueden o la que buscan o la que merecen? Una prosa que a ratos deviene narrativa y deriva en ficción y parábola, con entes que escapan del papel billete y devienen en personajes para finales alternativos. Esta estancia es luminosa pero su luz es chillona, encandiladora. Su decorado es realista en formas pero su contenido es surreal, como en los cuadros de Remedios Varo. Su órgano es la pupila.
5a estancia: "El oleaje que mece las almas".
Un epígrafe de la Yourcenar blinda el dintel: "Poco me importa que los fantasmas evocados vengan desde los limbos de mi memoria o desde otro mundo". Un poema en 6 fragmentos numerados define un intento de buscarle un punto de origen al soplo, al hálito vital, al élan de Bergsson. Ese impulso electivo de saberse alma es un modo de vibración del cuerpo desde un motor inclaudicable. Desde luego el órgano que vibra en esta estancia es el corazón, nombrado con insistencia: el corazón tiene un secreto (II), el corazón estremece con su ritmo (III), el corazón tiene puentes (V), hay algo escrito en ese papiro que envuelve al corazón (VI). Esta habitación recibe mucha iluminación de luz natural, de día. Pero sus cortinas están cerradas.
6a estancia: "Ya vive y se le oye cantar"
Esta habitación está de duelo y de vuelo. El dolor atávico de despedir a un ser que se ama deviene en comprensión y extensión de la presencia en otros niveles. No es resignación o simple resiliencia porque la pérdida no tiene compensaciones y la figura reclamada está en una distancia infranqueable. Se asoma ese tono salmódico, sacramental, transido de intensidad, con un remoto decir elegíaco: "...y me envuelve el destello / donde bailas, Carla, / en el viento, / en todo / cuanto iluminas / con tu vuelo". Esta habitación es blanca, blanco de mármol, blanco de leche. Su órgano son las manos. Tocan algo-alguien frágil, que parece no estar, que viene de lejos.
7a estancia: "Lo que ocultan los vestidos"
Un único texto homónimo al libro, medular, enmarcante. Todas las claves debieran estar aquí. Una primera estrofa ajedrezada recupera el sarcasmo sutil de esta autora para decir que el camino-viaje es solitario, aunque confluyan otros-otras transeúntes. Cada cual es accesorio a la vida de otro, principal sólo a sí mismo. Hay que mantener cierto ritmo de la marcha porque los otros distraen, interfieren "trayendo rumores y nieblas hasta mis oídos". Hacia el final de la segunda estrofa asoma el signo-símbolo que sintetiza el plan y la identidad de la autora, que está también en su nombre: "hay que ir a refugiarse al huerto (...) / en los lirios, que ante la presencia del sol / se animan a confesar / lo que ocultan los vestidos. La palabra deviene flor precaria entonces, sobrepuesta a su rigor eriazo. El lirio pertenece a un orden vegetal que acumula. Se nutre del bulbo subterráneo, que duerme y alterna las hojas con la flor entre invierno o verano. Es el sueño vegetativo o la hibernación de las especies que necesitan estar no expuestas para preservar su energía. Lo que ocultan esos vestidos-pétalos son el rumor de la persistencia. Esta estancia es abierta. Florece. Sus órganos son los pulmones.
8a estancia: "Cebras y reglas"
La prosa y la imagen se alternan para un discurso que parodia otros relatos: la taxonomía zoológica, el análisis jurídico, la sociología. Con estos ecos construye una breve fábula sobre la torpeza de la seguridad y la domesticación del flujo humano en las urbes. El sarcasmo proverbial de esta autora alcanza acá su máxima expresión. Es un texto incisivo y gozoso, pese a ser severo. Proviene de una estancia previa, de circunvolución, de vía de acercamiento. Es un umbral señalizado, no es la morada propiamente tal pero la interpela y se hace perteneciente. Su decorado es gris, de asfalto. Su órgano es el tobillo, la rodilla, el codo: las articulaciones.
9a estancia: "Autorretrato del creador"
Poema y prosa en esta sección-habitación del ser, con un mismo tema en dos facturas: vocalización rítmica en canto llano son los versos -entre parrianos y huidobrianos-, como es el registro operático y el versículo interno para decir un episodio vernacular y oracular que quiere resituarse en un momento inaugural de las eras. La voz masculina de un hablante-Creador teocéntrico cede ante una Diosa tutelar para que pueda mostrarse al fin "lo que ocultan sus vestidos / el poder invencible / de la flor de la vida / que encandila / y volvamos a bailar". En "La fiesta está que arde" se vuelve a hacer ese recuento lastimoso de un Dios en bancarrota representado en su semejanza humana desprovista de todo don de lo sagrado. La aspiración de la autora en esta estancia es actualizar lo profano en nuevos actos con-sagrados de re-creación. La estancia está pintada de un rojo intenso y su órgano es el sexo, que en la mujer se prolonga hacia adentro y en el hombre se vuelca hacia afuera.
10a estancia: "Estampas de la vida diaria"
El corpus más extenso del libro para reunir poemas y textos en prosa de titulación unitaria y contenidos diferenciados, donde el que abre la sección bautiza la misma. Poemas notables como "Grafitti" o "Transparencias" -con un aire a Anguita- engarzan un mandala temático más abierto y menos conceptual, donde se revisita a la familia en cuanto clan o tribu de las primeras lecciones, los misterios de la ciudad o los espacios paralelos que conviven en ella, o la identidad de la poeta devenida en aedo citadina o juglaresa de aconteceres cotidianos. Esta es la estancia más amistosa del conjunto y su decorado es psicodélico, contemporáneo, con gráfica de arte urbano o de rock. Su órgano es la garganta pletórica de voces.
Un epílogo-prólogo circular
El último texto en prosa de "Lo que ocultan los vestidos" es una especie de fábula sobre las percepciones, lo engañoso de asignar sentidos estancos a las experiencias, a los seres, a los objetos. Las cosas hablan y se re-presentan con movilidad, insatisfechas. Se recuerda a Rilke: "Las cosas vienen a nosotros ávidas de cobrar sentido". Este texto implica un sub-relato donde interactúan seres-signos-significados aleatorios que se afectan mutuamente. Este texto bien podría ser el inaugural y permitir una relectura inversa del libro todo, donde la introducción declarativa que formalmente lo abre, sería el epílogo que venga a delatar un plan de acción casi siempre superado por la ejecución misma del producto creativo. Para confirmar esta intuición lectora que señalo, la autora deja caer en la última página una frase matemáticamente sugestiva: "El orden de los factores no altera el producto". Pero es aún más perfecta la síntesis conmutativa del libro si nos atenemos a las líneas finales de este epílogo circunvalado donde lo descifrado se vuelve a cifrar. La verdad sea dicha, nada más hace falta decir de este libro que lo que allí se resume:
"Y esa cortina que cubría todo el fondo de la gruta, era miel derramada sobre una roca que cerraba la entrada al insectario donde habíamos dejado las alas, antes de cambiar de piel para salir a barrer la tierra que aún olía a pintura fresca".
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-chilena-actual-de-mujeres-ex.html
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domingo, diciembre 21, 2014
Las fuerzas subterráneas femeninas
“La brujería, los encantamientos, la alquimia y la creación son una misma cosa.” La poesía de Lila Calderón
Presentación de libro “Lo que ocultan los vestidos” de Lila Calderón, Furia del Libro, diciembre 2014, por Omar Pérez Santiago
Lo primero que me agrada de “Lo que ocultan los vestidos” de Lila Calderón es que tenga una sutil y sugerente introducción, donde presenta su propia poética. La tradición de pensar una poética, es muy antigua. La inicio Aristóteles en el siglo IV a.c. O el poeta griego Horacio.
No es muy común encontrar poetas que tengan, elaboren o piensen una poética, es decir que reflexionen estéticamente sobre su propia poesía, y que aporten una mirada sobre su propia experiencia como creador. No es común pues para hacer una poética hay que tener sabiduría acumulada, una obra hecha, y capacidad de mirar y pensar su propia experiencia.
Lila Calderón lo hace con absoluta prestancia y potencia intelectual. Sugerente e inteligente introducción de Lila Calderón donde reflexiona sobre el tiempo manipulable; sobre el azar como un código a descifrar; lo real y el sueño, como la misma cosa.
“He debido crear un vida apropiada para mí” dice Lila Calderón
Lo segundo que me gusta de “Lo que ocultan los vestidos”, es que es un libro escrito por un espíritu muy libre. Lo que ocultan los vestidos de Lila Calderón es, primero, libre de las limitaciones que imponen los géneros literarios. Lo que resulta es una vertiginosa y musical alternancia de poesía y prosa capaz de traer al presente una vida nueva para la memoria. Lila Calderón es artista visual y entonces agrega además dibujos, o fragmentos de su obra gráfica. Y en la portada incorpora los dibujos de su obra “Las diosas tutelares”. Lila Calderón es un artista inquieta que no se estaciona en un sólo género. Como la hibridación de géneros que proponían las vanguardias, una especie del diario íntimo y moderno (antepasado de los blogs, de Twitter y hasta del mismo Facebook). “Lo que ocultan los vestidos” es una variedad de escritura que nos otorga una gratísima sensación de libertad.
Hay en el libro una manifestación existencial. Es una vida, como todas las vidas, con formato temporal. Nos vamos a morir o estamos ya muertos. Es musical, es femenino, y tiene mucho de maga. Dice Lila Calderón, “una sola palabra podría significar la ruina”. O podríamos decir: “una sola palabra podría significar el éxito”.
¿Cuál es la palabra? ¿Cómo se llega a esa palabra mágica que nos puede llevar a la ruina o al éxito?
Esas palabras mágicas a veces están a punto de mencionarse en el libro de Lila Calderón.
Primero, ella tiene fe en las palabras.
Es muy difícil ser poeta si no se tiene fe en las palabras.
Y Lila Calderón cree en las palabras y realiza un juego envolvente para tener o crear palabras mágicas.
Hay que saber alquimia. Haber vivido, tener una vida. Palabras mágicas para hacer hechizos o rituales o amarres.
Se me ocurre, mientras leía el libro “Lo que ocultan los vestidos”, que, quizás, el objetivo central de un poeta sea descubrir sus propias palabras mágicas.
“La brujería, los encantamientos, la alquimia y la creación son una misma cosa.” No puede decirlo más claramente. Eso los escribe Lila Calderón en “Lo que ocultan los vestidos”.
Son misterios de mujeres, ya lo insinúa el título “Lo que ocultan los vestidos”.
Finalmente, la otra cosa que me gusta de “Lo que esconden los vestidos” es su manifiesto rompimiento con el realismo y el naturalismo.
Ha predominado en Chile el realismo. Las novelas chilenas, se dice como en broma, son escritas con ladrillos.
¿Hay una ruptura?
No necesariamente.
¿Se ha iniciado la lucha contra el realismo en Chile?
No necesariamente.
Pues en Chile se ha escrito mágicamente desde hace mucho. Solo que son corrientes potentes pero silenciosas. Y quiero nombrar a una sola escritora chilena, que me gustaría asociar con Lila Calderón, se llama María Luisa Bombal. La Amortajada, La última Niebla, La historia de María Griselda, sus obras centrales.
Lila Calderón juega con lo real y la fantasía, la magia y el sueño femenino. La belleza y la imaginación. El murmullo confidencial y misterioso, la identificación inmediata con las fuerzas subterráneas femeninas.
“Lo que ocultan los vestidos” de Lila Calderón es un libro inteligente, maduro, sutil, musical y libre.
LILA CALDERON (La Serena, 1956)
Poeta, artista visual, Magíster en Estudios Latinoamericanos de La Universidad de Chile. Ha publicado, en poesía: Balance de blanco en el ángel del triste Durero (1993); In memoriam (1995); Por suerte había otra vida (1999); Piel de maniquí (1999) y Animal Cautivo (2010), Lo que ocultan los vestidos (2014). En narrativa: Animalia (2002); La gran fuga (2002), Estrella y el caleidoscopio (2013). Su obra se encuentra antologada en Nueva poesía latinoamericana (M.A. Zapata, UNAM, México, 1999) Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte (D. Calderón, Ed. Arte y Literatura, Cuba, 2008), entre otros. Obtuvo el Primer premio en Video-poesía de FILSA (1994) Y El Primer Premio en Encuentro de Cine y Vídeo del Caribe (Cuba, 1998). Ha expuesto trabajos de poesía visual y pintura, entre los que destacan: Liquidación por cambio de temporada (2005) y Diosas Tutelares (2013).
jueves, diciembre 11, 2014
“He debido crear una vida apropiada para mí”
La poeta y artista visual Lila Calderón estará el domingo 14 a las 17 horas, en la Furia del Libro, el centro cultural Gabriela Mistral. Hablará de su nuevo libro “Lo que ocultan los vestidos”. La entrada es gratuita.
HE DEBIDO CREAR UNA VIDA APROPIADA PARA MI
Me había preguntado muchas veces si esta era una época especialmente compleja y dañina para la estabilidad psíquica del ser humano. Me había dado respuestas poco claras hasta cerrar las interrogantes con un conjunto de cuentos de humor negro creciente que me permitían dormir, tal vez soñar, y a veces incluso despertar con una nueva pregunta que daban ganas de vivir para poder responderla y eso, era ya un triunfo.
Percibía que todo estaba en relación con esta especie de duplicación colectiva que había sido causada por una fuente generadora de muchedumbre. El «lleno total» de Ortega y Gasset era incuestionable, sólo que desde su época a la mía era más bien una pandemia. Vivía pensando en que de todos modos «el ser humano» era el único responsable.
El mundo había sido reducido a un basural. Y ese es el punto. A mí no me gusta vivir en un basural. Me sentía tan directamente afectada por no poder intervenir para cambiar el escenario que, mientras aplacaba la molestia y la incomodidad feroz, comenzaba a notar cómo se instalaba en mí el desencanto. Y se manifestaba en mis gestos, aunque mi natural alegría aflorara a veces, gracias al humor absurdo que me habita cuando leo en el medioambiente signos contradictorios que estallan al chocar como florecientes callejones sin salida, que intentan cercarme el paso
Sólo queda reconocer, luego de la costumbre de vivir a una velocidad que corresponde más a la narración cinematográfica que a lo que aprendimos como realidad en la infancia, que la infancia está demasiado lejos y que hay que reeditarla con el conocimiento del presente para que pueda ser reutilizada a favor de la creación, sin la nostalgia o el viso de tragedia con que se la suele identificar, por el tiempo perdido, pasado, descontado, que es insoportable si no se revisa a la luz de la madurez y fuera del reflector dirigido del lugar común, puesto que está aún aquí y ahora. El tiempo es manipulable, todo creador ha de contar con ello para ser feliz haciendo y rehaciendo sobre el telón en blanco, convencido de que tiene sentido, que hay hilos con los cuales construir una textura, que hay trama. De otro modo, contarlo sería tiempo perdido. Absurdo por azar. Y tampoco creo en el azar.
El azar tiene un sistema, un código que hay que interceptar y trabajar como se trabaja con los elementos del lenguaje y de la creación. Quien sea un habitué de los juegos sabe que hay reglas y quién no conoce las reglas no sabe jugar y será por ignorancia siempre un mal perdedor. Como aquél que cree que no tiene suerte en la vida, pero sí en el amor. Que es peor.
Todos tenemos suerte en el amor cuando lo merecemos, y si lo merecemos, tener suerte también es parte de un trabajo, el talento está en interrogar las posibilidades del juego que se elige en tal o cual momento y por qué. Un aparente perdedor está ganando cuando llega a dominar las posibles razones de su pérdida. Está aprendiendo, está probando, no se puede ser siempre un ganador como no se puede jugar contra uno mismo o ser objetivo cuando se escribe el diálogo de los personajes que aún somos.
El yo es sonámbulo y lúcido y subjetivo, y enferma periódicamente según los influjos del medio o la presión de la injusticia. El verdadero yo siempre está en tránsito, pero a la vez es prisionero de sí mismo, mientras se desplaza por algún punto de la cardinalidad interna o externa, tanteando algún camino y su resistencia está siempre en la creación (de aquello que anhela), que se ilumina permanentemente desde el gran faro de la intuición, la verdadera diosa fortuna.
Estos poemas son testimoniales en el sentido de que son producto de mi mente y de mi yo central, que unifica y hace de conciencia lúcida para los otros personajes -¿hablantes?- que a veces quieren retirarse del juego por cansancio o que se desencantan por la irresponsabilidad de sus congéneres, que siguen jugando a la guerra entre el reguero de muertos que han quedado al margen, olvidando que así se alimentan las fábricas de armas, uniformes y las estrategias del poder para ganar hasta dominar y manejar con propiedad los elementos, el principio de la vida para dejarle el camino libre a la muerte. Es excesivo. Reinar para quién. Hablar para quién. Escribir para quién.
Supongo que la respuesta aparecerá tarde o temprano. He debido crear una vida apropiada para mí. Me he demorado porque volví al inicio varias veces y confié en que no había venido a la vida para quedar fuera de juego sin alcanzar a comprender a qué estaba jugando y de qué lado quería jugar, cuál era la meta y si quería llegar. Además, el camino es bastante largo y a veces hay mucha niebla. Y también está lleno de asaltantes que esperan quedarse con lo nuestro por la fuerza, sea dinero, la varita de virtud, tu cuerpo, tu alegría, o tu silencio.
El escenario es giratorio como la tierra y lo que se piensa o se vive es tan real como lo que se sueña. No se puede esperar que la poesía se instale o llegue a destino si el destino es móvil. Va y vuelve entre las vidas que creemos vivir o en las que creamos para que vivan por su cuenta y riesgo una vez que las liberamos. Todo está aquí o allá en la misma vertiginosidad de la rutina diaria donde la aldea global pierde sus secretos. Vivimos en el ciberespacio revelador compartiendo las magnéticas emociones humanas latiendo en un cielo lleno de rutas por las que todavía es posible perderse, o ganarse, porque ser o no ser continúa alentando el gran dilema.
Lila Calderón
LILA CALDERON (La Serena, 1956)
Poeta, artista visual, Magíster en Estudios Latinoamericanos de La Universidad de Chile. Ha publicado, en poesía: Balance de blanco en el ángel del triste Durero (1993); In memoriam (1995); Por suerte había otra vida (1999); Piel de maniquí (1999) y Animal Cautivo (2010), Lo que ocultan los vestidos (2014). En narrativa: Animalia (2002); La gran fuga (2002), Estrella y el caleidoscopio (2013). Su obra se encuentra antologada en Nueva poesía latinoamericana (M.A. Zapata, UNAM, México, 1999) Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte (D. Calderón, Ed. Arte y Literatura, Cuba, 2008), entre otros. Obtuvo el Primer premio en Video-poesía de FILSA (1994) Y El Primer Premio en Encuentro de Cine y Vídeo del Caribe (Cuba, 1998). Ha expuesto trabajos de poesía visual y pintura, entre los que destacan: Liquidación por cambio de temporada (2005) y Diosas Tutelares (2013)
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